¿Qué puedo hacer por ti?

Una reflexión sobre 2 Reyes 4:2 ¿Qué puedo hacer por ti? No es una pregunta que esté de moda. No es una pregunta muy usual en estos tiempos en los que nadie se preocupa por nadie. No es una pregunta que sintonice con la onda. Pero, ¡qué linda pregunta!

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El Discipulado

El discipulado, en la Biblia, es considerado como un estilo de vida, una forma de pastoreo personalizado y una estrategia para el cumplimiento de la Misión.  En varios textos de la Biblia se relatan visiones que Dios da a su pueblo para el cumplimiento de un propósito. Esas visiones siempre tenían el objetivo de traer una orientación o dirección; en otros casos, Dios las utilizaba para llamar la atención a algo que Él deseaba comunicar lo que quería fuese hecho. De alguna manera, las visiones eran un medio de Dios para comunicar su voluntad al pueblo y motivarlos a ponerla en práctica. En el Antiguo Testamento, muchos líderes fueron llamados por Dios para guiar, orientar y pastorear a Su pueblo. Tal el caso de los profetas, jueces, reyes y maestros de la ley. En el Nuevo Testamento, una vez más Dios nos orienta a hacer su voluntad a través de Jesucristo y nos renueva la visión del discipulado (Mateo 28:19-20). El discipulado no es un programa, es algo más que eso, es la puesta en práctica de ser fiel al Señor y llevar Su palabra a otros que no la conocen. Para que eso ocurra, necesitamos comprender a cabalidad el discipulado. ¿Qué es y qué no es discipulado? ¿Cómo ocurre? ¿Qué pretende? ¿Cómo vivenciarlo en la práctica? ¿Qué se espera de los que se envuelven con el discipulado (expectativas)? ¿Cómo y dónde ocurre?. Eso implica que debemos saber qué es el discipulado, considerar que es necesaria la integralidad del cristiano (bio-psico-social-espiritual), tener en cuenta el llamado personal del cristiano para una vocación universal, y practicar la ética del amor a sí mismo, para poder amar a los demás.

por Jorge Bravo - Otros recursos
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