8198 visitas¿Juntarse o casarse?

¿Juntarse o casarse?
En vista de la tan difundida moda de juntarse
entre parejas jóvenes es que queremos
reflexionar cristianamente sobre este
tema.

Por
Enzo Pellini

¿Qué es “juntarse”?. Es estar de
novios y decidirse un día comenzar a vivir juntos,
como cualquier matrimonio. A diferencia
de un matrimonio no se han casado por Registro
Civil y por lo tanto tampoco han recibido
la bendición nupcial en la iglesia. En los menos
casos: se casan por civil pero no piden
casarse por iglesia. —Este último tipo de unión
para la iglesia evangélica es válida también
ante Dios, aunque no propia de cristianos comprometidos—
La pareja “juntada” comienza a vivir
una vida matrimonial relativamente normal salvo
por los trámites legales que se les van presentando
especialmente cuando los hijos nacen
y donde también se termina esa aparente
libertad de la cual muchos dicen gozar estando
juntados.
No vamos a responder en este artículo por qué
las parejas se juntan y no se casan pues puede
haber muchas razones más de las que enumeraríamos
aquí, nos remitiremos más bien a
presentar qué entendemos cristianamente por
casarse y hacerlo por la iglesia.
Que “todo el mundo se junte”, —
como escuche— no quiere esto decir que es
lo que los cristianos acostumbran. Si somos
cristianos es porque llevamos una vida según
la guía de Dios. Por otra parte, es claro que, a
nadie se le obliga ser cristiano, pero si decimos
que lo somos eso implica vivir en su Palabra.
Y Dios quiere que la pareja se comprometa
a vivir toda su vida juntos y que esta promesa
matrimonial no se rompa (Mt 19:6). Para
ello lógicamente que necesitaremos de la fuerza
de Dios que vamos a buscar en la iglesia y
por la intercesión de la comunidad.
Especialmente a los jóvenes de hoy les resulta
difícil entender el significado y lo que sucede
en una unión por iglesia.
Puesto que somos cristianos vamos a la iglesia.
Así también necesitamos de la iglesia cuando
vamos a los cultos dominicales o en
devocionales o en Navidad o las fiestas principales
, o buscamos bautizar nuestros hijos o
confirmarlos, es decir necesitamos de la iglesia
en todos los momentos de nuestra vida,
así también debiera serlo en el momento del
casamiento. ¿Nos parece así? Y si no es así,
es porque no estamos sintiendo una auténtica
pertenencia a nuestra comunidad cristiana. Es
decir hay un problema que tiene que ver con
nuestra vida de fe.
Hoy en día, mucha gente, especialmente
la gente que no está en Cristo, hace más
caso a las modas, a lo que la gente dice, a lo
que la mayoría hace que, lógicamente a lo que
Dios quiere para nuestras vidas. Nuestro cristianismo
debiéramos mostrarlo también ante
los demás. Puesto que, como cristianos confiamos
en las promesas de Dios, como iglesia
disponemos de un momento especial de oración
que se llama “bendición nupcial”. Si de
veras decimos que queremos ser fieles a Dios,
no tendremos problemas de asistir a la iglesia
el día de nuestro casamiento. El casamiento
ante un altar y con un/a pastor/a y testigos (sea
dentro o fuera de la iglesia) está unido a una
petición. La pareja pide a Dios por ayuda y fuerza
necesaria para comenzar a transitar la vida
en esa unión. Cada uno es consciente de las
debilidades personales. Por eso luego del “Sí”
pronunciado, decimos “con la ayuda de Dios”.
En el casamiento ante un altar, el hombre y la
mujer reciben la bendición de Dios para ese
camino que van a transitar en común. Se confiesan
el amor en público y piden también la
intercesión de la comunidad. De esta forma el
casamiento por iglesia llega a ser un sitio donde
conseguir fuerzas y bendición de Dios. Jesucristo
nos asegura que él nos ama y que
somos aceptados y amados por Dios. Ahí vamos
a encontrar el coraje y la fuerza cuando
tengamos que renunciar a una parte de nuestra
libertad personal y poder dar así una promesa
auténtica para toda la vida. Así también
podremos regalarle a nuestra pareja el sentimiento
de sentirse a salvo, eso que toda persona
necesita para poder vivir. Entonces, contagiemos
y regalemos a nuestra pareja la seguridad
de esa promesa de Dios.
Puede suceder también que haya
casos comprensibles de personas que no se
hayan casado por iglesia y que se hayan “juntado”,
por ejemplo ante casos de uniones a
temprana edad por embarazos anticipados o
no planeados. En estos casos recomendamos
pedir una bendición nupcial lo antes posible
para que Dios bendiga a esa pareja.
Hay casos de personas muy tímidas y la mera
idea de casarse por iglesia lo sienten como algo
extraño y penoso: la ceremonia, la fiesta, el
público, la ropa, la música, etc. Hasta algunos
ponen como excusa la dificultad económica de
no poder hacer una fiesta para invitar a mucha
gente, y así no piden una bendición nupcial.
Estos casos se pueden arreglar. Se debe hablar
con el pastor o pastora en la charla prenupcial,
y ver de qué manera se puede hacer
una ceremonia de forma más sencilla y
consensuada. Y en casos especiales hasta se
podría solicitar una visita del pastor o pastora
a la casa de familia en presencia de los testigos
(invitados) donde pudiese tener lugar la
ceremonia nupcial.
Pero si el caso es que no queremos casarnos
por iglesia, porque todo el mundo lo hace, entonces
deberemos replantearnos nuestra fe y
pertenencia a Cristo y su iglesia. Y sabemos
que lo que “la gente hace” no mayoritariamente
es lo que Dios pide, quiere y nos conviene para
nuestra vida. Detrás de ese tipo de decisiones
hay mucha inseguridad, miedo al futuro, falta
de madurez para el matrimonio o de responsabilidad
mutua, en resumidas cuentas falta de
confianza en la voluntad y cuidado de Dios.
¿Qué pasa con las parejas que tienen ya años
de vivir juntos sin haberse casado? Hoy puede
ser el día en que tomemos la decisión de
hacerlo. Siempre estamos a tiempo. Acérquense
a su pastor o pastora. ¡Permitamos que Dios
intervenga y bendiga de forma especial nuestra
promesa matrimonial y nuestra familia! ��
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Fuente: selah
Temas: Amor y matrimonio

 

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