9474 visitas¿QUIÉN LAVÓ LOS PIES DE JESÚS?

NADIE. Ni Pedro, el apóstol impulsivo que se adelantaba a todo y a todos. Tampoco lo hizo Andrés, su hermano, tal vez el primero en acercarse a Jesús en el comienzo de Su ministerio.

Ni Jacobo ni Juan, su hermano el discípulo amado, que recostaba su cabeza en el pecho del Señor y le confiaba sus íntimos secretos.

Ni Mateo, el publicano perdonado y ennoblecido. Ni Tomás, tan pronto a dudar de su Maestro. Ni Felipe, quien fue testigo del poder sobrenatural del Señor desde su primer encuentro.

Ni siquiera lo hizo Judas Iscariote, para intentar huir de la mirada de Jesús y así esconder de alguna manera, al agacharse, sus terribles pensamientos de traición y entrega del Señor.

Tampoco nadie, al comienzo de la escena, había intentado quitarle el lebrillo y la toalla de las manos diciendo:¡No, Señor, déjame a mí! Todos contemplaron el accionar del Señor confusos, tal vez avergonzados, pero ni uno hizo un solo gesto para revertir la situación.

¡Cómo iban ellos a lavar los pies de sus compañeros, si no hacía mucho estaban peleando y discutiendo sobre quien sería el mayor en el reino de los cielos ¡

¡Acaso no se disputaban los lugares a la derecha y la izquierda del trono de Cristo, cuando El instalara Su reino con toda Su Gloria!

No estaban preparados espiritualmente para humillarse y adoptar la actitud de un esclavo. En la arrogancia de sus pensamientos se veían a si mismos como autoridades y no como siervos.

Y Cristo, entonces, se despoja de su manto, símbolo de dignidad y autoridad- así como para venir a este mundo a cumplir Su Obra de redención, se había despojado de sus atributos y glorias celestiales- y, humildemente arrodillado, comienza a lavar los pies de sus discípulos: Pedro, Jacobo, Mateo, Juan, Tomás, Felipe, Judas el zelote, Bartolomé, el otro Jacobo, Andrés, Simón el cananita…y aún a Judas, el traidor.

Ya están todos con sus pies limpios, refrescados, cómodamente reclinados terminando su celebración de la Pascua.

Queda sólo Jesús, con Sus pies sucios del camino polvoriento, con las marcas de las sandalias en ellos y sintiendo el cansancio de las millas recorridas. Con el dolor en el corazón de que ni siquiera en ese momento tan especial, alguno de sus discípulos le hiciera esa pequeña manifestación de cariño.

Y así, al terminar la Cena, esos pies benditos se encaminan hacia Su propio Calvario.

¡Cristo, mi Cristo! Nadie lavó Tus pies doloridos y sudorosos! Nadie refrescó Tu piel
agrietada por el polvo del camino. Así como nadie libró Tu alma de la suciedad de mi pecado. Nadie pudo ayudarte cuando en la cruz, lavaste la magnitud de mis culpas…

¡Cristo, mi Cristo! Ayúdame a seguir Tu ejemplo de humildad, de entrega, de morir a Ti mismo para poder darme vida. Ayúdame a bajar mi cabeza, a doblegar mi soberbia, a pisotear mi orgullo. Dame el lebrillo y la toalla y ese corazón enorme, inmenso de amor para que yo pueda seguir Tu ejemplo de abnegación y servicio.



“PORQUE EJEMPLO OS HE DADO, PARA QUE COMO YO HE HECHO, VOSOTROS TAMBIÉN HAGÁIS.” Juan 13:15

Fuente: Red Latinoamericana de Liturgia CLAI
Temas: Confesión

 

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Comentarios de nuestros lectores
Fecha
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Opinión
2008-02-22 10:10:14
gerardo .p. olmedo
10
me conmovio la reflexion , que el Señor te siga diriguiendo sus pensamientos a el
2008-02-21 11:24:47
Equipo de Selah
9
Segunda Parte Por otra parte, el propio Jesús, cuando la perdona (es decir, cuando la mujer pasa a ser una «ex ‘pecadora’») habla de sus «muchos pecados». Creo y es una verdadera lástima, me parece, que en el texto escrito no pueda expresarse este matiz que estas palabras las pronuncia Jesús con clara intención irónica, para ridiculizar a Simón y a sus compinches, que se consideraban «no pecadores», pero que lo eran un mucho mayor grado que la mujer, porque se habían atrevido (Simón directamente indirectamente sus correligionarios) a juzgar y condenar, in pectore, no solo a la mujer sino también al mismo Jesús. (A modo de aclaración y sin intención de justificarme, explico que, cuando he predicado sobre este y otros pasajes, para acentuar la magnitud del cambio que significó el encuentro con Jesús, he usado con frecuencia expresiones como «ex publicano», «ex pecadora», «ex ciego», «ex perseguidor», «ex endemoniado»). En efecto, Mercedes tiene toda la razón: cuando Jesús le da la formidable reprimenda (en Costa Rica diríamos «trapeada») a Simón, le está diciendo que los deberes que debió cumplir y no cumplió, sí que los cumplió, y con creces, aquella mujer a quien él despreciaba. En el servicio a Jesucristo (que es servicio a todo ser humano) no hay ministerio del cual la mujer deba ser excluida. Perdón por haber hecho tan extensa esta explicación. Con mis respetos, Plutarco Bonilla
2008-02-21 11:23:59
Equipo de Selah
9
Primera parte Dedicado en especial a las mujeres que comentaron los comentarios que algunos varones hicimos y en particular con referencia a la nota de Mercedes Castañeda: En mi breve comentario no usé, a propósito, la palabra «pecadora» para describir a la mujer, sino la expresión «con fama de pecadora» (aunque no sabemos a ciencia cierta en qué consistía eso de «pecadora»: ¿prostituta?, ¿esposa de un publicano?, ¿incumplidora de la ley tal como la entendían los fariseos?). El narrador, en efecto, dice que esa mujer era «pecadora». Si pudiéramos substituir esa palabra por su significado concreto (lo que, por lo indicado, no podemos hacer con absoluta certeza, dadas las varias posibilidades que hay), no pareciera que se trate de «lanzar la primera piedra» sino de describir cómo era conocida la mujer. El pensamiento del fariseo, por otra parte, tal como se manifiesta en su pregunta indirecta («qué clase de mujer»: o sea, «qué tipa») sí revela una actitud de profundo desprecio. Y más porque ella se atreve a tocar a Jesús y porque Jesús se deja tocar por ella. Y Jesús se lo lee al fariseo en la cara. Plutarco Bonilla
2008-02-21 11:21:16
Equipo de Selah
9
No he participado en otros diálogos pero me pareció, en aras de la justicia, necesario intervenir en éste. Estoy de acuerdo con la manera en que ha servido el escrito para exaltar el papel de la mujer. ¡Ojalá ese reconocimiento no se dé solo en las letras! Sin embargo, el escrito mismo nos da la clave cuando dice: “Tampoco nadie, al comienzo de la escena,…”. Es claro que se refiere a la escena de la última cena y no a todo el ministerio de Jesús. No se desconoció la obra de la mujer que sí lavó los pies de Jesús, es solo que ella no estaba en esa escena. Gracias. Nelson Beltrán, Iglesia Bautista (Colombia)
2008-02-21 11:20:20
Equipo de Selah
9
Interesantes los comentarios, en especial por provenir de varones. El articulo que le dio origen es un "clásico" de la teología patriarcal. Quisiera añadir que en la teología feminista, la mujer llamada pecadora es una figura clave. Incluso hay un libro sobre esa mujer sin nombre como tantísimas en los registros religiosos-Es de Elizabeth Schussler Fiorenza. Con todo cariño para los que hacen la Red Clai y los comentaristas, Mabel Sardon Filippini
2008-02-21 11:19:30
Equipo de Selah
9
Si muy bien, hermano Bonilla, me gusta su reacción a la meditación, sin embargo, me pregunto, acaso la Biblia menciona que en ese lugar "nadie más era pecador"?o acaso "solo las mujeres" eran señaladas como "pecadoras"? Más todavía, cuándo se refieren al "pecado original"? Cuando cobradores de impuestos se convertían no le señalaban y decían "el ex cobrador de impuestos", hoy seguidor de Jesús?. Me pregunto porqué el trato especial que se le da a María Magdalena y a ésta "Mujer", cuando se acentúa lo de "mujer pecadora", acaso los discípulos y los escritores bíblicos estaban en capacidad de "tirar la primera piedra"? Esta forma de pensamiento ha llevado a nuestra iglesia a pensar que los dones de las mujeres para predicar, para dirigir la liturgia y la vida organizacional de la iglesia no sea su fuerte. Sin embargo aquí vemos, que sí, el Señor Jesús nos permite acercarnos de manera íntima y servicial a los ministerios y a los misterios de su obra. Con cariño, Mercedes Castañeda
2008-02-21 11:18:17
Equipo de Selah
9
Gracias a los varones que reaccionaron ante el escrito. Quiero unirme a esa reacción para reconocer a aquella mujer que lavó los pies de Jesús con lágrimas que brotaron de un alma liberada, un corazón agradecido y una vida dispuesta al servicio. ¿Será que Jesús lavó los pies de sus discípulos recordando ese gesto de la mujer? Betty Hernández
2008-02-21 11:17:29
Equipo de Selah
9
Mis queridos hermanos Excelente las reacciones, gracias por recordarnos un acto tan significativo como el que realizara "una mujer"... y permitirnos estos espacios que suman y ayudan tanto a la reflexión como al crecimiento de una fe que se compromete y da sentido a la vida. Mil bendiciones: Norma Falchetti
2008-02-21 11:15:51
Equipo de Selah
9
La parábola es incompleta. Lamento decir que el honor de lavar los pies de Jesús correspondió a una mujer, que no fue impulsiva como Pedro, ni fue de las primeras en acercarse a él, ni recostó su cabeza en el pecho del Señor, ni prestó su pecho para que él lo use, etc. etc. etc. Según el/los relato(s) los lavó con sus lágrimas, y/o los enjuagó con perfume fino. Le fue dado el más alto honor de servir a su maestro... Pavada de honor. Y como mujer buena que era (pecadora pero buenaza), no peleó los círculos del poder, y por eso en las discusiones acerca del poder, ni machistas ni feministas la recuerdan. Suficiente que el Padre Celestial, que ve en lo secreto, lo reconozca, como en su momento, lo reconoció el maestro. un abrazo Mansur Azzam
2008-02-21 11:14:21
Equipo de Selah
9
.. ¿no habrá escuchado hablar de una mujer que los lavo con lagrimas y los secó con sus cabellos.. etc, etc...? ninguno de los doce, no quiere decir lo mismo que nadie... hay creyentes fuera de los doce, aún hoy hay iglesia fuera de los conciliábulos, aún hoy... Valdo Ferrari
2008-02-21 11:13:36
Equipo de Selah
9
Estimados amigos del CLAI: Leo siempre sus envíos. Este que recibí posee una adecuada reflexión. Sin embargo, creo que está incompleta, si tenemos en cuenta la pregunta formulada. Por que tiene una respuesta, en Lucas 7, 36 ys sigs. Lo trascribo con un sólo comentario: ¡fue una pecadora! Saludos. 36 Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a su casa y se puso a la mesa. 37 Había en la ciudad una mujer pecadora, la cual, al enterarse de que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, se presentó allí con un vaso de alabastro lleno de perfume, 38 se puso detrás de él a sus pies, y, llorando, comenzó a regarlos con sus lágrimas y a enjugarlos con los cabellos de su cabeza, los besaba y ungía con el perfume. 39 El fariseo que le había invitado, al verlo, se decía: «Si éste fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca. ¡Una pecadora!». 40 Jesús manifestó: «Simón, tengo que decirte una cosa». Y él: «Maestro, di». 41 «Un prestamista tenía dos deudores uno le debía diez veces más que el otro. 42 Como no podían pagarle, se lo perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». 43 Simón respondió: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». 44 Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Yo entré en tu casa y no me diste agua para los pies ella, en cambio, ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. 45 Tú no me diste el beso pero ella, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies. 46 Tú no me pusiste ungüento en la cabeza, y ésta ha ungido mis pies con perfume... Héctor Eduardo Rodríguez
2008-02-21 11:11:43
Equipo de Selah
9
Algunas reacciones que llegan al correo electrónico: Preciosa reflexión, pero... incompleta. Sí hubo quien lavó los pies de Jesús, y con “agua” que salió de su propio ser. ¡Y una mujer, con fama de pecadora! La historia está en Lucas 7. 36-50 (véase v. 38). A pesar de lo que dice el relato de Juan, quizás Jesús no quiera que le laven “ceremoniosamente” los pies, sino que lo hagamos con el jugo de nuestra propia vida. Un saludo cordial, Plutarco Bonilla
2008-02-18 12:44:30
GLORIA BALDIRIS
10
Es importante reconocer de verdad,que como Cristiano , aveces sin darno cuenta vivimos una vida de orgullo, y esta reflexion , nos recuerda aun lo sabemos a imitar cada dia a nuestro señor jesucristo