(San Francisco)...sabía qué dificil es amar a los no amables; y que no se les ama precisamente porque no son amables; y cuanto menos se les ama, menos amables son, y que si hay algo que puede sanar al rebelde, es precisamente el amor.
En sus ultimos años lanzó la gran ofensiva del amor. A un ministro provincial, que se quejaba de la rebeldia de algunos hermanos, le escribio esta carta de oro, verdadera carta magna de la misericordia:
"...Ama a los que te hacen esto. Amalos precisamente en esto...y en esto quiero conocer si amas al Señor y a mi, siervo
suyo y tuyo, si procedes asi:
Que no haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiere pecado, se aleje jamás de ti, despues de haber contemplado tus ojos, sin haber obtenido tu misericordia, si es que la busca. Y, si no la busca, pregúntale tú si la quiere. Y si mil veces volviere
a pecar ante tus propios ojos, ámale más que a mi, para atraerlo al Señor".

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