En medio de la fiesta que nos regalaste, oh Dios, recordamos y te pedimos por aquellos a los que el dolor y la preocupación no les permite estar alegres.
Señor, tú puedes transformar nuestro lamento en baile
Te pedimos por los que están solos y tristes, los que perdieron seres queridos, los que extrañan a quienes aman.
Señor, quita el sabor amargo. Danos el gusto de sentir tu presencia.
Te pedimos por quienes perdieron su trabajo y se sienten fracasados, por quienes bajaron los brazos, y no encuentran puerta ni ventana ni camino.
Señor, ante tanto sin sabor, sé nuestra sal, que levanta, que reanima, que restaura fuerzas.
Te queremos pedir también por los que perdieron la alegría: ya sea por la injusticia, porque la vida les resulta pesada, por la falta de comprensión... o porque simplemente nunca la encontraron.
Oh Dios, ayúdanos a descubrir, valorar y disfrutar tantas otras cosas dulces que tiene la vida que nos regalaste.
En estas y tantas otras necesidades, que sólo Tú satisfaces, nos gusta decirte:
Padre nuestro, que estás en los cielos....

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