Me siento el corazon como la arcilla
en las manos de Dios, siento su esmero
amoroso, su tacto verdadero
cambiando en cantarillo de sencilla forma,
la tierra tosca que se humilla
entregada, suspensa, al alfarero.
Siento que hay agua dulce, que un venero
de luz irrumpe y salta sin orilla.
Que esta pequeña forma moldeada
que sabe a barro y a jardin llovido,
es mas que barro y tierra y pura nada
humedecida y polvo dolorido.
Mas se !oh realidad transfigurada!
sangre y raza de Dios, de Dios nacido..

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