1455 visitasConviviendo con las propias debilidades

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. (I Juan 1:8)

En un curso de perfeccionamiento de una gran empresa, el conferencista preguntó a los participantes qué cosas les gustaría cambiar en sus vidas. La respuesta que recibió de la mayoría, le causó sorpresa. La gran mayoría de los participantes respondió que lo que más les gustaría cambiar, era el no ser tan exigentes con ellos mismos. Alguien añadió diciendo, que por tanto auto exigirse en su trabajo y vida personal, reflejaba esa actitud, exigiéndole más de la cuenta y tratando mal a sus empleados y subordinados. Ellos descubrieron que su afán perfeccionista, les estaba afectando sus vidas y las vidas de las personas con las que trabajaban.

Hoy vamos a meditar acerca de los resentimientos. En este sentido es importante saber convivir con sus propias debilidades y limitaciones. Es difícil tratar de nuestros resentimientos, queriendo cambiar a las personas que están a nuestro alrededor, ya que esta no es la solución. Una persona resentida consigo misma, golpeada y amargada, necesita aprender a trabajar con su vida personal. La Sagrada Escritura es muy clara en afirmar que todos los males, los problemas, los conflictos internos, los dolores que existen en nuestras vidas, tienen un origen. Es el pecado humano, que tiene su sinónimo en el egoísmo humano. Es el hecho de que cada ser humano, en si mismo, no teme ni ama a Dios como debería. Esta es la raíz de todos los problemas externos e internos, también del resentimiento.

Nuestro texto de hoy nos dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. (I Juan 1:8). De hecho, solo se puede tratar una enfermedad, cuando se toma conciencia de la misma. Si queremos esconder el hecho de que somos pecadores, que somos débiles y necesitados de la ayuda de Dios, estaremos siempre a la merced de nuestros propios caprichos y vanidades.

La Escritura también nos da la solución para el problema del pecado y egoísmo humano. Nos dice que: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (I Juan 1:9) . Perdonados por Cristo, que derramó su sangre por nosotros, (v.7) tendremos paz con Dios, con nosotros mismos y con las personas que nos rodean. De él viene nuestra fuerza para superar los resentimientos y conflictos personales.

Oremos: Bondadoso Dios, ayúdanos y guíanos a confiar en esta promesa de tu Palabra, sabiendo que si confesamos nuestros pecados, tú eres fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Amén.

Fuente: Aportado por el autor

 

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Comentarios de nuestros lectores
Fecha
Usuario
Puntaje
Opinión
2004-09-13 18:59:42
Olga Cárdenas de Flores
10
Estas palabras nos obligan a reflexionar sobre la soberbia que dicta siempre un estado de perfeccionismo en el ser, Dios nos da a través de Jesucristo la única solución para salir de nuestro error aceptarnos como seres imperfectos pero, perfectibles en su gracia y perdón de nuestros pecados. El Señor les siga bendiciendo.
2004-09-05 20:55:59
Cornelio Fernandez
10
Muy bueno este recurso porque a veces nos consideramos super cristianos y estamos necesitados de la gracia y perdon de Dios
2004-08-30 15:51:36
David Alvarez
10
Dios les bendiga, esta reflexion es muy rica (espiritualmente hablando)ya que nos llama a meditar de lo que muchas veces nos cuesta aceptar, como vivimos arrastrando ese dolor que nos constriñe el alma. sigan adelante con su mision que es edificante para muchos de nosotros