Desciende Espíritu de amor, paloma celestial, promesa fiel del Salvador, de gracia manantial.
Aviva nuestra escasa fe, y danos la salud; Benigno guía a nuestro pie, por sendas de virtud.
Consuela nuestro corazón, y habita siempre en él; concédele el precioso don, de recibirte fiel.
Derrama en pródigo raudal, la vida gracia y luz, y otórganos el eternal rescate de la cruz.
Tus frutos da de suave olor, al corazón solaz; Benignidad paciencia, amor, bondad, templanza y paz. Amén.

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