Jesús va a enfrentar la muerte
y se despoja de todo, de todo lo que estorba.
Como esta mesa que ahora es desvestida, Jesús será desvestido,
será maltratado, será azotado, será herido por nuestra rebelión.
El altar que recibió el pan y el vino de la alegría
recibirá por mantel el cuerpo agonizante del Señor.
La mesa de la comunión se volverá mesa solitaria, abandonada.
Nuestro Señor quedará al desnudo, avergonzado delante de todos,
pero su amor por el mundo perdido será más fuerte,
aceptará entonces la humillación, y será obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz.

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