2882 visitasDía Mundial del VIH/SIDA

Consulta Global sobre HIV/SIDA

LITURGIA DESDE AMERICA LATINA.

Celebrada el 26 de Mayo de 2003. en Brandenburg. Alemania

1. Apertura – Cántico.

2. Llamado a la adoración:

Junto con toda la creación, con los hombres y mujeres del mundo entero esperamos la manifestación del Reino, Del reino que vence barreras de intolerancia y construye puentes de solidaridad

Que abre puertas incondicionalmente y cierra las profundas heridas de prejuicios.
Nos unimos para celebrar la gloria de Dios, gloria que se manifiesta en el amor que duele, y en servicio gratuito y libre, sin segundas intenciones.

Nos unimos en la celebración de la gloria de Dios, Gloria que se manifiesta cuando amamos hasta la locura,

Cuando el Verbo amar y respetar se hace carne en nuestras vidas, y en la vida de nuestras comunidades.

Cuando en medio del dolor, el estigma y la exclusión,

Anunciamos la victoria de Cristo,

La victoria de la vida sobre todo aquello que es muerte.

Nos unimos en la celebración de la gloria de Dios que es la victoria del amor que llama a la misma mesa, a todos los seres humanos que necesitan de ayuda para mantener su lugar de dignidad en la iglesia y en la sociedad.
Nos unimos a en la celebración de la gloria de Dios, cuando en el último día unirá a todos los pueblos y grupos en una sola comunidad.

3. INVOCACIÓN. (Letanía basada en 1º Juan 4: 7-10)

Señor, Tu Hijo nos llama a que nos amenos los unos a los otros,
Porque el amor procede de Dios.

El que no ama no ha conocido a Dios.

Dios nos manifiesta su amor
en el rostro y la identidad de aquellos que son totalmente diferente a nosotros.

El que no ama no ha conocido a Dios.

Señor, Tu Hijo vino a vivir en medio de todos nosotros y nosotras,
Para que todos y todas tuviésemos vida abundante,
Y sin importan quien es y que es lo que ha hecho,
Porque todas y todos estamos llamados a
participar de la fiesta que no tendrá fin.

El que no ama no ha conocido a Dios.

4. Cántico: Cuando el Pobre

5. Confesión y oración.

Señor, confesamos que muchas veces hemos caído en la tentación de hacer de la pandemia del VIH-SIDA una simple cuestión de estadísticas y que no hemos levantado nuestras voces cuando las personas que viven con el VIH-SIDA se empobrecían, cuando sus corazones y dignidad eran quebrantados, cuando se violaban sus derechos humanos y al no tener muchos amigos y amigas acceso a los medicamentos y la enfermedad hacía estragos en cuerpos y espíritu

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Señor, confesamos que no siempre hemos sabido comprender la forma en que la epidemia del VIH-SIDA repercute en la sociedad y en las iglesias, poniendo en tela de juicio nociones tradicionales y que no siempre hemos entendido que para aliviar el dolor de las personas afectadas por la epidemia debíamos promover la justicia y los derechos humanos que superara una visión asistencialista. Confesamos que la respuesta de las iglesias ha sido insuficiente y, en algunos casos, incluso ha contribuido a agravar el problema.

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Señor, confesamos que no siempre hemos sido signos ni comunidad del amor inclusivo, que debe orientar nuestro entendimiento de la afirmación de que hombres y mujeres son hechos a imagen de Dios y vivir plenamente la promesa de que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo: ningún desastre, ninguna enfermedad del cuerpo o del espíritu, nada de lo que hayamos hecho o de lo que otros nos hayan hecho a nosotros, ni siquiera la muerte, puede romper la solidaridad de Dios con nosotros y con toda la creación

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

6. Primera Lectura: 1º Juan 4:7-10 o Salmo 97: 1-4

7. Aclamación del Evangelio: Aleluya

8. Lectura del Santo Evangelio según San Juan (15: 9-17)

9. Respuesta a la Palabra:

Algunos te han llamado Hijo de David cuando nada en tu persona ni en tu rostro diera signos de realeza. Te hiciste presente despojado de todo poder. Algunos se atrevían a llamarte Señor y tu te has hecho servidor de oprimidos y excluidos. No escribiste nada pero algunos te llamaron Maestro.
Siempre preferías que te llamáramos amigo y así nos llamabas a todos nosotras y nosotras. Nos enseñaste una amistad que tiende la mano hacia todos y todas, sin excluir, sin marginar. Nos enseñaste a bajar nuestro dedo índice acusador para que uniéramos nuestras manos para denunciar la opresión del excluido, del estigmatizado, del olvidado.
Como Maestro nos enseñaste un amor extraño y misterioso, que siempre está dispuesto a servir, sin secretos, sin dobles intenciones, sin reserva mental. Una amistad que da y se da hasta perderse, sin tener miedo, desafiando a los que excluyen y marginan.
Jesús nos enseña una amistad que solo pone una condición: hacer lo que nos manda.
Sabemos que aquello que manda es difícil en este mundo globalizado y que su cumplimiento solo puede nacer desde lo más profundo de nuestro ser: “Ámense unos a otros como yo los he amado”. No hay amistad sin amor. No hay amor sin comunión. No hay comunión sin entrega y compromiso total. Entrega que deja de lado poder, títulos, privilegios, derechos o sentimientos de superioridad.
Jesús nos enseña que toda persona, en todo lugar y en toda circunstancia, es imagen y semejanza de Dios y ha nacido para vivir en dignidad y respeto. El amor se reduce en definitiva a promover esa dignidad en todos y todas.
Después que enseño todo esto, después de aquella última cena con excluidos y pecadores, después de aquel gran signo de comunión y entrega, fue llevado por los poderosos dirigentes políticos y religiosos a la Cruz y nosotros hoy nos ponemos a la sombra de esa enseñanza y de. esa cruz del resucitado

10. Acción simbólica: Compartimos el abrazo de la paz

11. Afirmación de Fe:

Nosotros afirmamos que la Iglesia, como cuerpo de Cristo, tiene que ser el lugar en que se vive y ofrece el amor y la sanación de Dios. Como cuerpo de Cristo, la Iglesia tiene que hacer suyo el sufrimiento de los demás: tiene que estar al lado de ellos y ellas contra todo sentimiento de rechazo o de desesperación. Y por cuando es el Cuerpo de Cristo –que murió por todos y que sufre con la humanidad, la iglesia no puede excluir a nadie que necesite a Cristo.
12. Oración de envío:
Sabemos que los cristianos, movidos por el mandamiento nuevo, debemos mostrar apasionadamente el amor de Cristo por el prójimo, a salvar vidas, a trabajar por la reconciliación, a tratar de que se haga justicia.
Señor ayúdanos a ser instrumentos útiles entre tus manos.
Todo lo que pidamos al Padre en Nombre de Cristo, se nos concederá.
Sabemos que los cristianos estamos llamados a tratar a cada persona como poseedora de un valor infinito a obrar por la verdadera reconciliación, que incluye la justicia, entre las personas que se han distanciado las unas de las otras. Señor ayúdanos a ser instrumentos dóciles entre tus manos.
Todo lo que pidamos al Padre en Nombre de Cristo, se nos concederá.
Señor, sabemos muchas cosas que tu nos enseñaste.
Ayúdanos a ponerlas en práctica, a no tener miedo,
a saber desafiar las tradiciones que excluyen,
desafiar las lecturas fundamentalistas de tu Palabra de Vida
que no saben descubrir tu rostro y tu presencia
en el rostro y la presencia del hermano y de la hermana.
Aquí estamos con nuestras pobrezas y errores.
Nosotros, los cristianos, somos el primer grupo vulnerable.
Vulnerables porque no hemos amado.
Vulnerables porque queremos amar.
Amén.

13. Bendición.

El Señor nos conceda la esperanza de alzar nuestras miradas hacia los desafíos del mañana.
El Señor nos conceda el coraje de enfrentar las dificultades sin perder la esperanza.
El Señor nos conceda una fe tal que el conocimiento de Cristo nos conduzca a servir a nuestros hermanos y hermanas, atreviéndonos a ofrecer fraternidad, servicio y amor de unos con otros y otras.
El Señor nos conceda la paz de vivir el mandamiento de reparación de Jesucristo.

Tomado de Pastoral del SIDA
www.pastoralsida.com.ar

Fuente: Red Latinoamericana de Liturgia CLAI

 

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