Y habló el angel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropa de gala. (Zacarías 3:4)
Dios me habló a través de este versículo una vez que había cometido pecado y había pedido perdón. Me mostró que a pesar de que me había arrepentido y El me había perdonado, aún andaba cargando ese pecado y mi corazón estaba sucio. Me decía que yo no me perdonaba haberle fallado, que me viera como El me veía, porque El había cambiado mi vestidura sucia por una limpia.
Del mismo modo, les animo a que se vean como Dios los ve y que tomen cada una de sus promesas y se las adueñen.

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