Señor,
eres la luz para el camino,
por eso si te volvemos la espalda
tropezamos, caemos
y nos hacemos daño.
Claro que no siempre es fácil
dirigir la mirada hacia la luz,
porque ella descubre
nuestras oscuridades,
y llega a los rincones
de nuestra vida
que deseamos ocultar.
Tu luz nos ayuda a entender
la realidad que vivimos,
y evita que andemos como ciegos
a los tumbos y sin reconocer
las señales de tu camino.
Señor, ayúdanos a abrir los ojos,
amanece cada día
para alumbrar nuestros pasos.
Enséñanos a caminar
contemplando la realidad
desde tu mirada,
para poder superar los tropiezos
y dificultades,
para avanzar en tu proyecto
y crecer en la esperanza.
Que así sea.
Tomado con gratitud de www.buenasnuevas.com

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