Navidad (blanco)
Juan 1:1-18; Isaías 52:7-10; Hebreos 1:1-6; Salmo 99.
Siempre es estimulante volver a un texto fundamental de las Escrituras en una fecha donde todos estamos dispuestos y sensibilizados para oír más detenidamente la palabra de Dios. Vamos entonces a detenernos a pensar qué se nos dice en estas páginas sobre aquel del que hoy celebramos su venida.
En primer lugar ubiquemos el relato. Este discurso abre el Evangelio de Juan, el cual no incluye los relatos de la infancia como hacen Lucas y Mateo. Al presentar su evangelio lo hace dando testimonio del sentido de la llegada de Cristo más que narrando su historia. En este caso no interesa tanto qué pasó en Belén ni como fue su nacimiento, sino que significado tiene para la historia de la humanidad lo que sucedió con la llegada del mesías. En vistas a esto distinguimos cuatro centros temáticos que pueden ser tomados homiléticamente.
A. Se identifica a Cristo con la fuerza creadora de los comienzos del universo. Es interesante observar que las primeras palabras de Juan (“En el principio...”) son idénticas al comienzo de Génesis 1:1, aun en la versión griega de la Septuaginta (LXX). Es decir, que el evangelista está queriendo significar que estamos ante un nuevo comienzo, una nueva fundación del universo, en esta ocasión motivada por la novedad del Verbo que ha tomado forma humana y ha decidido vivir con nosotros.
B. Es importante observar la función de la luz en Génesis y en este texto. Aquí nuevamente la luz es un elemento primordial vinculado a la vida y a la superación de las tinieblas. Es de notar que en Juan la luz y las tinieblas parecen tener un rol más activo al señalarse que unas “no prevalecieron” contra la otra, del mismo modo que la vida es nombrada casi como un actor más del drama primero. En Juan estos elementos son representantes de Cristo o de sus oponentes. Esto es así porque el lenguaje del evangelio es más simbólico y elusivo mientras que la narración de Génesis permanece en un nivel concreto y descriptivo, donde lo simbólico se presenta con un lenguaje propio y remite a un referente más general. En Génesis la oscuridad es un estado de la realidad que es simplemente modificado por el creador y preservado para el momento de la noche. La luz es creada para permitir la vida material del resto de la creación.
C. El evangelista nos dice que aun estando entre nosotros, el mundo no lo conoció. Esto significa que el mundo no aceptó su mensaje, pues conocer significaba apropiarse de algo. No deberíamos suponer que nosotros quedamos excluidos de ese mundo alejado del Señor. En realidad, Juan está diciendo que todas las personas rechazamos al Señor porque fuimos partícipes todos de su condena y crucifixión. En otras palabras, que no hay persona inocente frente a la tragedia del asesinato de quien vino para salvarnos. Y a la vez –por extensión- que siendo todos responsables de su muerte, nadie queda fuera del amor de Dios expresado en la cruz.
D. Pero pese a ello Dios no nos condena al olvido sino que se ha hecho persona y vino a vivir con nosotros. Esto es una revolución teológica desde el punto de vista judío y también romano, aunque por otras razones. Los primeros no aceptaban un mesías pacífico e incapaz –aunque podríamos decir no deseoso- de salvarse de la muerte en la cruz. La imagen de David era la de un conductor hábil, un guerrero fuerte y valeroso. Un hombre que le gustaban las ciudades y había construido su gobierno en torno a ellas. Jesús parecía cualquier otra cosa: una persona de las orillas y las aldeas pequeñas, un líder de multitudes pero no un guerrero o militar, una persona que no supo defenderse ante los romanos y sus leyes.
Para los griegos la dificultad estaba en que un Dios no podía hacerse ser humano. Es curioso que el pueblo que más mitologías y narraciones creó en la antigüedad donde dioses y diosas de forma humana vivían todo tipo de aventuras tuviera problemas para entender la divinidad de Cristo. Ellos creaban mitos pero no creían que un Dios podía rebajarse a ser humano, con sus imperfecciones y dudas, en la vida real.
Pero Cristo es el Hijo de Dios y se acerca a nosotros para vivir y padecer nuestra suerte. Y eso es lo que celebramos en Navidad.

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