6251 visitasLos escogidos de Dios

“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” 1 Pedro 2:9-10

“Más vosotros sois:…”

Este mensaje del apóstol Pedro, es dirigido al pueblo de Dios, a los convertidos, a los que ya han visto la grandeza y divinidad del Señor Jesucristo y le han aceptado y reconocido como su Señor y Salvador. No creo equivocarme si digo que en ese grupo está incluido usted.

“…Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…”

Es significativa la cantidad de adjetivos con los cuales nos identifica el Apostol.
La pregunta es: ¿Somos en verdad merecedores de tan grandes elogios? Mejor dicho… ¿es que nos hacemos merecedores de esos adjetivos?

“Linaje escogido…”

El lino era una planta de cuya fibra se elaboraba una tela fina, valiosísima. De tela de lino eran elaboradas las cortinas del tabernáculo. Se usaba también para confeccionar la túnica, el turbante y el cinto de los sacerdotes. Podemos ver que el uso del lino estaba asociado a personas santas y especiales.
Lo que te dice la Biblia a través del Apostol Pedro, al decir que eres linaje escogido, es que eres especial para Dios. No eres cualquier cosa. Es posible que en algún momento solo fueras como una planta marchita y pisoteada por todos… pero El te recogió, te regó con su agua bendita, te revivió para, como con la planta de lino, hacer contigo algo muy especial y valioso para sus propósitos. Linaje escogido eres.

“Real sacerdocio…”

En el Antiguo Testamento, los sacerdotes eran designados de la tribu de Leví y tenían tres deberes esenciales: el servicio al Señor en el santuario; la enseñanza de la ley al pueblo; y consultar a Jehová por el pueblo.
Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, con el derramamiento de su sangre en la cruz no solo libró al mundo del pecado, sino que rasgó el velo que nos permite llegar directamente al Padre. Mediante ese acto de redención, El Príncipe Hijo del Dios Rey, comenzó en la tierra un reino de reales sacerdotes, del cual tu y yo entramos a formar parte una vez que le reconocemos como Señor y Salvador.
Jesús nos escogió para declarar la voluntad de Dios a la humanidad: “…nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre…” (Apocalipsis 1:6).
El es el Sacerdote Supremo, y nos hace sacerdotes de Su Reino para ser testimonio vivo y dar a conocer su Evangelio. Real sacerdocio eres.

“Nación Santa…”

Israel fue nación escogida por Dios para preservarse y mantenerse alejada de la contaminación del pecado y la idolatría, como ejemplo y testimonio a otras naciones de la magnificiencia y misericordia de Dios. En aquel tiempo, Jehová dijo a Abraham, llamado el Padre de la Fe, que en él “habrían de ser benditas todas la naciones de la tierra” (Gen. 18:18).
Aún cuando Israel se desvió y llegó a adorar dioses paganos, Jehová no les abandonó y cumpliría su promesa por medio de Jesús. El Padre le prometió “por herencia las naciones” (Sal. 2:8); “Todas las naciones le servirán” (Sal. 72:11). Por medio de El nos alcanzaría la salvación, dijo el profeta Isaías: “…él traerá justicia a las naciones…” (Is. 42:1); “He aquí que yo lo dí por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones…” (Is. 55:4).
La Nación Santa de Dios actual es su Iglesia, con Jesús como Rey, Supremo Sacerdote y Maestro. Tu y yo somos esa Iglesia. Nación Santa eres.

“Pueblo adquirido por Dios…”

Mediante el derramamiento de la sangre de Jesús en la Cruz y por la gracia de Dios, hemos sido rescatados del pecado, justificados y convertidos en sus hijos. El sacrificio de Jesús y nuestro reconocimiento de El como Señor y Salvador de nuestras vidas es lo único que se necesita para alcanzar la vida eterna. De esa forma entramos a formar parte del Nuevo Israel, la Iglesia de Jesucristo. Si permaneces en El y con El, Pueblo adquirido por Dios eres.
¿Con qué Propósito te adquirió?…:
El Señor, que ha sido bondadoso y que por medio de Jesús nos ha salvado, sacándonos de las tinieblas a la luz y como dice el v. 10, “que en otro tiempo no (éramos) pueblo, pero que ahora (somos) pueblo de Dios”, todo ello sin merecerlo, sino por Su misericordia, nos ha llamado principalmente para que anunciemos “Sus virtudes”.

“…Para que anunciés las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable”.

Lo único que desea Dios Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo) es que seamos público testimonio de su misericordia, de su amor, para con nosotros. Que llevemos el mensaje de su evangelio a todo aquel que aún no ha alcanzado la salvación de su alma, para que ellos también salgan de las tinieblas y disfruten de “Su luz admirable”.
Dios ha dado una Gran Comisión a su Pueblo Escogido.
Tú y yo, somos linaje escogido por El… Somos los reales sacerdotes de Su Nación Santa. El nos llama a levantarnos y comprometernos a proclamar Sus Virtudes.
El se ha glorificado en nosotros… Su misericordia nos ha alcanzado, salgamos ahora a proclamar Su Palabra. Demos testimonio de la misericordia de Dios a aquellos que son arropados por el pecado y la desesperación en todas partes del mundo.


Fuente: Aportado por el autor

 

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