9028 visitasLucas 10:38-42

Génesis 18:1-10a; Salmo 15; Colosenses 1:15-28; Lucas 10:38-42

El encuentro de Jesús con Marta y María es uno de las escenas que suceden de camino a Jerusalén. No nos dice el texto de estas dos mujeres otra cosa que no sea que eran hermanas y que vivían en una aldea. Marta lo recibió en su casa. Y mientras María se sienta a los pies a escuchar las palabras de Jesús, Marta se dedica a los quehaceres de la casa. Esto molesta a Marta y se queja a Jesús de que su hermana la deja sola con el trabajo. Jesús le contesta que María ha elegido correctamente cuando decide oírlo y eso tiene un valor tan alto que no le será quitado.

La una y la otra

El texto pone en estas pocas palabras dos modos de aproximación a Jesús. En realidad ambos son válidos y Jesús no critica a Marta como se ha pretendido en las lecturas tradicionales. Más bien señala que lo que María hace está bien y tiene sentido, mientras que la actividad de Marta la distraen en ese momento de algo más importante que el mantenimiento de la casa.
Como en tantos otros textos el evangelio juega con un alto grado de simbolismo. En este caso vamos a detenernos en cuatro gestos que expresan actitudes de la vida. El primero es el de recibir a Jesús (v. 38). Este pasaje viene luego de que Jesús ha sido rechazado en una aldea samaritana (9:51-56) y en ciudades muy cercanas a su propia vida como Corazín (10:13) y Capernaum (10:15). Ahora una mujer desconocida le hace lugar en su casa. No era habitual que una mujer sola recibiera la visita de un varón, de hecho no había mujeres que vivieran desvinculadas de un varón que las protegiera. Pero esta no es la primera vez que el evangelio nos sorprende colocando a Jesús o a sus seguidores en situaciones que desentonan respecto a la práctica socialmente aceptada. Por el contrario, Jesús y sus seguidores aparecen en muchas ocasiones innovando y transgrediendo prácticas sociales habituales. En esta oportunidad es un acto de valentía e independencia el hecho de que Marta lo reciba y le abra su casa. En una predicación sobre este texto es necesario resaltar esa cualidad de esta mujer para contrarrestar la carga negativa que la tradición a colocado en su nombre.
El Jesús rechazado en muchos lados es recibido por una mujer. Esta es otra escena más donde las mujeres pueden vislumbrar el papel importante que ocuparon en el ministerio de Jesús, aunque luego por razones de liderazgo dentro de una sociedad patriarcal buena parte de sus acciones no quedaran registradas. Aun cuando hay escenas centrales donde ellas aparecen, es muy probable que haya habido más mujeres de las que los evangelios narran en torno al ministerio de Jesús o siguiéndolo en su peregrinar.
El segundo gesto es el de sentarse para oír su palabra. María se sienta a los pies de Jesús para escuchar su mensaje. La simbología presente en este gesto tiene que ver con el disponer de un tiempo para el Señor, con apartar momentos para oírlo y meditar en lo que nos dice, etc. Es necesario destacar que apartar un tiempo supone dejar otro tiempo para otras tareas. En una interpretación apresurada de este pasaje se entendió que el apartarse para oír el evangelio era una actividad valorada mientras que el dedicar tiempo a otras cosas era como perder el tiempo. No pocas órdenes religiosas de clausura basan en textos como este la práctica de una vida contemplativa alejada de las cosas cotidianas. Más allá de nuestra valoración de esa práctica, la actitud de María no solo deja espacio para la vida activa sino que la presupone.
Entonces lo que se está diciendo aquí es que María está aprovechando una oportunidad quizá única en su vida y lo hace plenamente. Sentarse a los pies es un gesto de reconocimiento de la autoridad de Jesús, y de que está dispuesta a escuchar su palabra.

El momento preciso

El tercer gesto que deseamos comentar es el de Marta atareada por otras cosas. Ya señalamos que no hay aquí una crítica a las tareas manuales en oposición a la contemplación espiritual o intelectual. Marta está haciendo sus deberes, las tareas que le corresponden. Quizá creyó que era bastante con darle un lugar en su casa, con abrirle las puertas a este forastero para que descanse de su viaje. También puede ser que creyera que su hospitalidad estaba cumplida y que no había nada que aprender de este viajero. Y por último no podemos descartar que la llegada de visitas a su casa habría generado un cúmulo de tareas no previstas, como nos pasa a nosotros cuando caen en nuestra casa sin avisarnos. Marta entonces estaría preocupada por atender bien a su huésped.
De cualquier modo lo que Marta no ve es que en ese momento preciso lo importante es escuchar al Señor. En ningún lugar se dice que sus quehaceres no fueran valiosos. La oportunidad de ellos es la que está siendo cuestionada. “Que me ayude...” reclama Marta a Jesús, tan solo para que este le responda que está ocupada de muchas cosas y está perdiendo el momento justo para oír lo que le tiene que decir.
El cuarto gesto es la frase “no le será quitada”. Es una expresión que aparece en varias ocasiones en la Biblia y tiene que ver con aquellas cosas que da Dios y que no pueden perderse a menos que el mismo Dios así lo decida. En este pasaje parece referirse a la decisión de María de oír a Jesús dejando para luego otras tareas, y que siendo esto lo mejor ella es confirmada en esa actitud. Es así, pero no debemos perder la intención de toda la escena que es mostrar que las enseñanzas de Jesús son prioritarias sobre toda otra cosa. En ese sentido este pasaje está emparentado con “los que querían seguir a Jesús” (9:57-62) pero anteponían otras tareas al ministerio, aunque aquí el papel de María compensa la carencia de Marta y sirve de ejemplo.
Sugerimos que la predicación se centre en la exigencia de total entrega a oír y vivir la palabra de Dios.

Fuente: ISEDET - Depto. de Biblia

 

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