5897 visitasLucas 12:13-21

Eclesiastés 1:2, 12-14; 2:18-23; Salmo 49:1-11; Colosenses 3:1-11; Lucas 12:13-21

Introducción

Estamos ante uno de los textos esenciales de la concepción económica lucana. Aquí chocan crudamente dos economías: la del acaparamiento egoísta y la de la función social de los bienes. El texto tiene su paralelo simétrico en la parábola del mayordomo de Lc 12:1-8, donde se propone un uso diametralmente opuesto de los bienes.
Con relación a los aspectos económicos del proyecto lucano, los cap. 12 y 16 constituyen una especie de lentes convergentes, a través de los cuales el evangelista “envía” estos aspectos, para formar un punto focal en cada capitulo. El rico necio del cap. 12 representa el prototipo de aquellas personas que pervierten la verdadera función de los bienes. El rico de Lucas 16 retoma esta modalidad frente a Lázaro, el pobre.
A su vez, todo el capítulo 12 del EvLc es una cuidadosa composición redaccional con la que el autor describe la posición de los seguidores y las seguidoras de Jesús en este mundo, dando consejos concretos para la organización del testimonio en diversos contextos: persecución, bienes, sobrevivencia, espera de la parusía. A excepción de la parábola, la mayoría de los textos proviene de la Fuente de los Dichos. Ante la fuerte coherencia interna del cap. 12, se ha preguntado si acaso la parábola del rico necio no pertenecía también a esa Fuente. Pero dado que se trata de una de las llamadas “parábolas tis ánthropos” (cierto hombre), que pertenecen al material peculiar lucano, es difícil pensar en un origen divergente.
El fin último de la parábola consiste en instruir sobre el peligro generalizado de la avaricia.

Repaso exegético

El pedido del heredero frustrado está vinculado estrechamente con la parábola. A nivel redaccional, esta solicitud establece un fuerte contraste con el contexto que habla de la confianza total en la previsión de Dios y la guía del Espíritu Santo.
¿Por qué Jesús rechaza el pedido? ¿Porque no era rabí ordenado? Esto en realidad no significa nada. A nivel literario es decisivo que el caso se convierte en ocasión para una parábola cuyo fin es instruir sobre el peligro generalizado de la avaricia (pleonexía). El concepto de avaricia, codicia o ambición egoísta tenía una fuerte carga negativa, e incluía una referencia implícita a la explotación del prójimo y a la injusticia. A pesar de la pesadez redaccional de Lc 12,15b, el dicho construye una clara discrepancia entre la acumulación de bienes y la vida verdadera.
La parábola construye la función actancial de un hombre rico (presentado así de entrada, superándose la imprecisión de las figuras de otras parábolas), cuya riqueza aumenta considerablemente por una cosecha extraordinaria. No se trata, pues, de un tipo con suerte, como en la parábola del tesoro escondido (Mateo 13,44); ni de un nuevo rico. El rico ya estaba acostumbrado a manejar dinero y bienes. La oposición que Jesús construye no se refiere, pues, a una situación excepcional por el cual el rico pierde momentáneamente la cabeza; sino que se relaciona con la incompatibilidad de la enseñanza de Jesús con el proceder del rico egoísta, sin importar que se trate de ricos con cosechas buenas o no, tal como lo expone el remate del v. 21.
Ante esa suerte, el rico habla consigo mismo. Su monólogo logra una condensación literaria casi inigualable mediante los muchos mi: mis frutos, mis graneros, mis granos y mis bienes, mi alma. Todo es mío. El rico hace esta reflexión absolutamente solo, sin consultar a su familia o a su administrador (se sobreentiende que un dueño de campo de ese calibre siempre tenía un administrador). Decide por su cuenta; y finalmente se invita a la dolce vita. Ni siquiera piensa en alguna fiestita con sus amigos. Este juego de posibilidades es totalmente lícito – a pesar del carácter del texto como parábola y no de relato histórico, pues otras parábolas lucanas incluyen la dimensión festiva relacionada con una alegría especial: la gran cena, la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo.
El imperativo regocíjate (eufrainou) corresponde a la descripción del rico en Lucas 16,19. Ambas parábolas subrayan las características del egoísmo, el derroche y la exclusión de otras personas.
Después del desarrollo de todo un proyecto de almacenamiento y dolce vita, de improviso sobreviene una valoración, con un color marcadamente negativo. La misma consiste en dos etapas: v. 20 (en situación: de Dios hacia el rico) y v. 21 (para el público: de Jesús hacia sus oyentes). Entra en escena un sujeto nuevo: Dios mismo. Trae consigo un programa imprevisto y contrario al anterior. La estructuración de la parábola evidencia que su punto culminante no consiste simplemente en el anuncio del juicio de muerte, sino en la vinculación de este juicio (presentado con tono profético) con la pregunta acerca de los futuros poseedores de tantas riquezas. Es decisivo que la parábola termino tan abruptamente con el anuncio de la muerte y la pregunta inquietante. De esta manera, la dinámica narrativa salta directamente al público.
El rico queda desenmascarado como necio. En los escritos sapienciales del AT, el necio niega la existencia de Dios, Salmo 14:1 y 53:2: Dice el necio en su corazón: “No hay Dios”. Por ende, también vive sin Dios. Como tal, es un sujeto perdido. Pero esto no es sólo una cuestión de la fe o la religión. Se refiere a toda la vida. Ahora Lucas actualiza económicamente este concepto ubicándolo en el contexto de los bienes. Establece que la necedad, el vivir sin Dios, tiene que ver con el mal uso de los bienes.
Tu alma establece la referencia al alma del v. 19. Esto indica que el juicio se relaciona con la actitud del rico, y a la vez deja en claro que el alma, la vida, no es un bien o una propiedad del rico, sino algo prestado que Dios exigirá de vuelta. El rico había creído poseer incluso su alma – y por muchos años.
El texto plantea una cuestión estremecedora: ¿De quién será lo que has guardado? Esta pregunta se opone a la mención reiterada de tantas cosas que pertenecen al rico. El rico es sancionado doblemente. Por una parte, por la ironía de la pregunta acerca del traspaso de sus bienes acumulados a otros. Se terminó eso de mío, mío y mío. El texto no habla de herederos, sino que deja abierta la posibilidad de que estos otros sean extraños. Segundo, el texto indica la fundamentación del juicio: el rico amontonó riquezas – ¡y olvidó a los “otros”! Ahora los “otros” tomarán “venganza” y se apropiarán de los tesoros acumulados. Con ello, se instala la pregunta acerca de la función social de la riqueza y los bienes. He aquí el principal antagonismo del texto. Todos las demás oposiciones tienen sus raíces en éste.
El pedido del heredero - la exhortación al testimonio
La acumulación de bienes - la vida verdadera
Una larga vida con muchos bienes - muerte repentina esta noche
Bienes acumulados para sí - "otros" que usarán esos bienes
Atesorar para sí - ser rico para con Dios

El v. 21 ofrece la fundamentación del juicio y de la designación del rico como necio. La oposición entre la acumulación de tesoros para sí mismo y el ser rico para con Dios le confiere carácter de síntesis a esta frase, construida como quiasmo. Al mismo tiempo, la formulación lleva a preguntar acerca de la definición del programa descrito mediante la fórmula ser rico para con Dios. El necio amontona riquezas para sí, claro está; pero, ¿qué significa lo opuesto? Para ello será necesario considerar todo el cap. 12 y aún más allá del mismo, el EvLc entero.
A nivel profundo, se percibe la racionalidad materialista y calculadora del rico con relación a su cosecha, los graneros y la dolce vita. Desde la óptica de Dios, todo esto es necedad. Con esta visión de las cosas, Jesús y Lucas introducen el punto de vista de los pobres, hambrientos y explotados; y una vez más queda establecida la conjunción de Dios con estos sujetos sin voz.
Esta parábola solía recibir explicaciones relacionadas con la inminencia de la muerte o el juicio final, o con la negación de Dios. Pero cabe remarcar que no hay elementos escatológicos en este texto. El juicio no sobreviene a toda la humanidad, sino sólo a este rico; la pregunta del v. 20 indica que la vida continúa después de la muerte de este necio; el v. 20b no es una pregunta retórica, sino que remite a la función social de los bienes; y el v. 21 reitera que lo que aquí se condena es la avidez egoísta de bienes, y no el pasar por alto el destino mortal de todo ser humano. El rico es condenado como necio porque acaparó egoístamente sus riquezas. Ante la abundancia, no asumió ninguna responsabilidad social, sino que se preocupó sólo por su bienestar. Su visión de las cosas se materializó en un pecado muy concreto: sustrajo cereales de la circulación. Con este proceder se provocaba carestía, encarecimiento de los productos y hambre. Luego, quienes habían acaparado granos, los vendían a sobreprecio. Esta acción delictiva era especulación pura que dañaba sobre todo a las capas más necesitadas de la población.
Este proceder no tenía nada que ver con el almacenamiento al estilo de José en Egipto, sino con la especulación que dañaba sobre todo a las capas más necesitadas de la población.
Estamos ante una de las leyes centrales de la economía del libre mercado: toda carestía de bienes produce suba de precios, y con ello, el enriquecimiento de quienes manejan los productos y capitales. Los precios resultantes del “libre” juego de la oferta y la demanda son precios libres de mercado. El rico de la parábola aprovecha la situación que le brindan la cosecha abundante y el sistema. A nivel de la racionalidad económica actúa “inteligentemente” en beneficio propio; teológica y éticamente se hace culpable porque se enriquece a costas de los que tienen menos o nada. Es lamentable que este aspecto central del pecado del rico haya quedado oscurecido por lecturas espiritualistas escatológicas o existenciales. Recién la lectura sociológica de los textos bíblicos volvió a sacar a luz esta explicación del pecado del rico. Aquí debe mencionarse Proverbios 11,26, la única referencia veterotestamentaria a la práctica criminal del acaparamiento cuyo fin era el enriquecimiento del rico: Al que acapara el grano, el pueblo lo maldice, pero bendición cubre la cabeza del que lo vende. Aquí se reflejan la experiencia de la población pobre y su dependencia de cada nueva cosecha, y a la vez su dependencia de las manipulaciones económicas de los latifundistas y monopolistas de granos.
La necedad tiene otra faceta más: la haraganería del rico. Él quiere descansar y disfrutar durante muchos años. La referencia a los muchos años se opone a la necesidad constante de sembrar, arar, cosechar, como lo vivía y sufría todo pequeño agricultor con su familia. El rico abandona el trabajo y se convierte en un parásito, que ya no quiere emplear su tierra, su tiempo y sus capacidades para producir bienes para todos y todas.

Planteos hermenéuticos

-El texto – en consonancia con la enseñanza general de la Biblia – muestra que los bienes (y, por supuesto, el dinero, que los representa) tienen una función social: posibilitar, mantener y mejorar la vida.
-Jesús enseña que nuestra dignidad como seres humanos no se deriva de la cantidad de bienes acumulados, ni consiste en llenarnos de riquezas y codiciar lo imposible pasando por encima las necesidades del prójimo. Teológicamente hablando, la dignidad consiste en ser hija, hijo de Dios; y en poner en práctica el mandato del amor, traducido económicamente a una economía del compartir. Esta economía o mayordomía del compartir se contrapone a la economía salvaje del beneficio propio.
-Para poder evaluar éticamente un determinado sistema socioeconómico y político, la perspectiva bíblica plantea la pregunta clave acerca de las consecuencias que ese sistema tiene para la vida, la realización plena de los seres humanos y la convivencia de la comunidad familiar, social, nacional e internacional; y sobre todo para la vida de los miembros más débiles del cuerpo social.
Por más que un determinado sistema produzca un desarrollo tecnológico deslumbrante o un aumento espectacular del ingreso bruto de un país, siempre cabe preguntar acerca de la distribución interna de los beneficios. Los índices globales del crecimiento deben ser confrontados con las desigualdades internas dentro del sistema, referidos a las oportunidades de acceso a trabajo, ingreso, educación, vivienda, salud, cultura, seguridad, justicia y recreación. Recién allí se revelará la ética del sistema. Todo sistema que margina y excluye a seres humanos es totalmente condenable y debe ser rechazado.
-Con esta parábola, Jesús ataca todo acaparamiento egoísta de bienes en beneficio de unos pocos – y con ello, la quintaesencia del sistema económico neoliberal globalizado. El texto nos ayuda a desenmascarar la mistificación del mercado, según la cual imperan “sólo” las leyes de la oferta y la demanda; y que sostiene que si se permite el libre actuar de estas leyes, en algún momento llegará a haber suficiente para todos. Extrapolando la parábola, se percibe la denuncia que los movimientos del mercado son manejados y controlados por un sector relativamente pequeño de la sociedad, que actúa exclusivamente en beneficio propio. El testimonio bíblico opone la vida y la salud del cuerpo social entero a esta conducción personal en provecho propio de unos pocos.
-A partir de esta perspectiva, nuestra sociedad se debe un debate profundo sobre el modelo de convivencia que necesita y por ende, de la economía y de la política necesarias para implementar este modelo. Este debate, la búsqueda de alternativas y las acciones correspondientes son urgentes e impostergables.
-¿Cómo formulamos en el nombre de Dios el juicio sobre la acumulación egoísta de capitales y bienes?

Posible esquema para la predicación

La parábola del rico necio se presta para un sermón narrativo, en el sentido de re-contar el texto con constantes referencias y extrapolaciones a la situación económica actual y al testimonio cristiano en esta situación. Debe evitarse una lectura escatologista como también aquella que pretenda ocuparse del destino mortal de todo ser humano. Lo mortal del texto es la acumulación egoísta por parte del rico, y el efecto trágico que tiene la misma para la población pobre.
El sermón puede facilitar la percepción de la llamada de advertencia de Jesús sobre un sistema económico que produce muerte para todos.
Como recurso visual puede pensarse en una pila de alimentos delante del altar, que luego se distribuye o se envía a quienes más necesitan comer.

1.Invitar a pensar y a expresarse sobre la siguiente pregunta ¿En qué consiste la dignidad de la vida, o de qué depende nuestra dignidad? Dialogar sobre las respuestas concretas. Introducir la temática de la supuesta dignidad que confieren los bienes, y sobre todo la acumulación de los mismos.

2.Jesús hace un planteo alternativo: la dignidad no consiste en la acumulación de fortunas, sino en ser hija, hijo de Dios; y en poner en práctica el mandato del amor.

3.Ese mandato se traduce económicamente a una economía del compartir, contrapuesta a la economía salvaje del beneficio propio.

Fuente: ISEDET - Depto. de Biblia

 

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