El Señor es mi médico, no moriré
(Salmos 118:17)
Él me suplirá con el suero de la vida, que es su palabra, y corregirá todo lo que Él estime necesario. (Salmos 41:12 )
Él me dio el mejor antídoto del mundo, la sangre calientita de su hijo, Jesucristo, con la cual se cumple la promesa de Dios que dice que por sus llagas fuimos curados.
(Isaías 53:5-6)
Me llenará de paz hasta que sobreabunde.
Me guiará por sus sendas y me llenará de sabiduría para utilizar las armas poderosas (intercesión y oración) para su gloria.
(Efesios 6:10-18)
Por eso aunque camine en sombras de enfermedad, nada temo, porque Él es mi fortaleza, y su promesa es que siempre estará conmigo. (Efesios 3:16 1 Pedro 5:10)
Tu palabra y la revelación del Espíritu Santo me infundirán aliento de vida y esperanza. (Salmos 52:5)
En ti estoy confiado, porque para tí todo es posible. No recibiré el diagnóstico (palabras de escasez del hombre) y confesaré por mi boca que Cristo me ha sanado. (Jeremías 32:37)
Unges mi cabeza con aceite, mi copa esta rebosando de gozo, confianza y fe en tí. (Deuteronomio 33:24-25)
Seguramente la bondad y misericordia me seguirán todos los días de mi vida y yo alabaré al Señor porque el nombre de Jesús tiene poder. (Efesios 1:12-23)
Amén.

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