8871 visitasSalmo 34:1-8

Salmo 34:1-8 1 Reyes 19:4-8 Efesios 4:25-5:2 Juan 6:35.41-51

Introducción

1 Reyes 19:4-8 describe un episodio de la vida del profeta Elías, cuando se encuentra en peligro y tiene que huir de las amenazas de su archienemiga Jezabel. El pasaje pertenece a una perícopa mayor que se conoce como el Ciclo de Elías (1 Re 17-22). El profeta bajo una profunda depresión se dirige al desierto (v. 4) por donde marchó asistido y sustentado por el ángel de Yavé (vv. 5-7) y en una ocasión caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al monte Horeb (v. 8) (que es más conocido como Sinaí), adonde va en busca de un encuentro con Dios (v. 9 y siguientes). Conviene retener los datos señalados en cursiva pues nos orientan a través de las significativas referencias simbólicas de la tradición bíblica. Esta evocación del lugar mítico de la revelación de Yavé y del establecimiento de la Alianza, tiene un sentido de renovación y fortalecimiento de la fe de Israel en un contexto francamente adverso y acerca la figura de Elías a la de Moisés. Las mismas referencias simbólicas aparecen también en los Evangelios cuando se narran episodios análogos de la vida de Jesús.

Efesios 4:25-5:2 es una exhortación a renovarse y transformarse en un nuevo ser humano, creado según Dios, revestido de la justicia y santidad de la verdad (4:24). Esto tiene implicaciones concretas en la conducta y forma de relacionarnos con nuestros hermanos y prójimos en general: hablando con verdad (v. 25), evitando estar enojados (v. 26), trabajando para colaborar con los que más necesitan (v. 28), tratando de bendecir a los demás con nuestras palabras (v. 29). En fin, siendo consecuentes con el don de amor y perdón que recibimos gratuitamente de Dios a través de Jesús (4:32-5:2).

Juan 6:35.41-51 retoma la cuestión del pan. Aquí Jesús se identifica con el pan de vida, que sacia de manera permanente a los que tienen hambre (vv. 35 y 51b), y que descendió del cielo (vv. 41 y 50), evocando el maná que comieron los padres en el desierto. Pero la analogía con el alimento del desierto es parcial, pues aunque se salvaron de la contingencia, los padres igual murieron (v. 49) mientras que los que comen del pan de vida que es Jesús vivirán para siempre (vv. 50-51). De acuerdo al contexto, parece que lo que incomodaba a los judíos que murmuraban contra Jesús era que se considerara un enviado especial de Dios y fuente de vida verdadera y permanente (vv. 41-42). El v. 47 ofrece una de las claves de interpretación de la metáfora del pan, donde Jesús afirma que los que en él confían y se comprometen (creen) vivirán para siempre.

Introducción al Salmo 34

Este es un salmo de tipo alfabético o acróstico, en el que cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo en un orden casi perfecto. El acróstico comienza con la letra alef de la palabra “bendeciré”, y por tanto, consideramos este versículo como el primero así también la Biblia Reina-Valera. Otras versiones, como la Biblia de Jerusalén, consideran como primer versículo el título de presentación, y por tanto se produce el desfase de un versículo entre las dos versiones. Seguramente, el orden alfabético de algunos salmos servía como ayuda nemotécnica para memorizar el texto.
El título de presentación del salmo ofrece una dedicatoria a David y un marco histórico relacionado con la vida de este rey de Israel: De David. Cuando se fingió loco delante de Abimélec, fue echado por él, y se fue luego en todo el acróstico no se halla ninguna referencia interna a la antigua historia de David. Además, parece que el título hace referencia al relato de 1 Samuel 21:12-15, y si es así, confunde a Aquis, rey de Gat, con Abimélec.

De cualquier manera, la presentación del título ofrece una pista de lectura, describiendo la situación de una persona muy valiente en peligro, con miedo y perseguida y a esta situación general responde el contenido del salmo. También, bajo esta perspectiva, se pueden establecer analogías con la historia del profeta Elías que vimos más arriba (1 Reyes 19:4-8), y con las situaciones de inseguridad y peligro que acompañan las historias de la marcha del pueblo de Israel por el desierto (Ex 16).

En cuanto a la forma, el salmo en su conjunto, no pertenece a uno de los géneros clásicos conocidos. La primera parte (vv. 1-10), por su contenido e intención, pone al salmo en estrecha afinidad con los cánticos de acción de gracias, en los que el salmista exalta al Señor y expresa su gratitud por haber sido salvado de alguna situación de peligro o angustia. La segunda parte (vv. 11-22) tiene afinidad con los salmos sapienciales en donde el que ha sido salvado da lecciones de sabiduría a sus contemporáneos. En el contexto del salmo, estos enunciados didácticos tienen sus raíces en la experiencia de salvación, y destacan la grandeza de la justicia divina.
A los fines de la distribución de textos del calendario litúrgico ecuménico, el estudio se divide en tres secciones: vv. 1-8 9-14 15-22 (de acuerdo a la versión de la Biblia Reina-Valera).

Salmo 34:1-8

Los vv. 1-8 coinciden prácticamente con la sección que hemos identificado como cántico de acción de gracias (vv. 1-10).
El salmo comienza con una expresión de alabanza a Yavé, en un clima de exultante alegría (vv. 1-2). El primer término que se utiliza es “bendeciré” (de la raíz hebrea brk), a través del cual se expresa el reconocimiento de la grandeza y el poder de Yavé pero también refleja el sentimiento de quien ha sido salvado (v. 5), y para quien la alabanza a Yavé constituye un factor determinante en su vida. La expresión de alabanza se fundamenta en una experiencia y no en un conocimiento puramente intelectual.
No debemos perder de vista que el mismo salmo expresa una finalidad. Tanto la acción de gracias, como las instrucciones didácticas posteriores, tienen un destinatario u oyente principal que son los “pobres” (en hebreo: anawim) (v. 2b). Es al mismo tiempo un testimonio y un mensaje para que los oprimidos y necesitados de ayuda puedan cobrar ánimo y alegrarse por la experiencia de salvación del salmista, que se identifica igualmente como un “pobre” que grita y que fue escuchado por Yavé (v. 6). El orante quiere atraer a sus oyentes hacia su propia experiencia de la salvación (v. 3), y a través del cántico, trata de hacerles “saborear” la bondad de Yavé (v. 8).
Sobre el concepto de “pobres” (anawim) en los Salmos, seguimos a grandes rasgos el enfoque de Kraus, que a su vez se apoya en las investigaciones de Mowinckel. Para ellos los pobres no son un partido, sino más bien las víctimas de los enemigos y poderosos. El término tiene connotación de oprimido, desposeído, perseguido, desvalido, débil son los que no tienen amparo frente a sus poderosos enemigos. Este concepto enfoca principalmente aspectos socioeconómicos, donde el pobre es el desfavorecido y marginado por la sociedad, el que no tiene bienes, ni tierra y nadie le ayuda entre ellos viudas, huérfanos/as y extranjeros/as.
Por otro lado, es sabido que en la tradición bíblica, el Dios de Israel siempre muestra un compromiso especial con los desamparados ante la justicia y los menos favorecidos en la lucha por la vida y por tanto, el concepto de pobre que antes describimos, constituye una verdadera reivindicación frente a Yavé.
Así, en este salmo como en muchos otros, los pobres no solo encuentran amparo y ayuda de Yavé, sino que además él hace que cambie su suerte (vv. 4 y 6) y se convierten en receptores y protagonistas de la liberación, testigos privilegiados de la gracia y presencia eficaz de Yavé en medio de su pueblo.

En el salmo se exhorta reiteradamente al “temor de Yavé” (vv. 7b, 9, 11), y por tanto conviene explicar brevemente el significado de esta expresión. El verbo hebreo “temer” (yr’) relacionado con Dios tiene un sentido de respeto, reverencia, fidelidad, y es bastante usado. Esto poco o nada tiene que ver con el miedo, o el miedo servil a quien nos puede castigar es más bien la idea de respeto que se fundamenta en el amor y la admiración de un ser querido. Pero en el salmo 34 esta expresión tiene un uso particular, que le agrega un condimento más a la definición antes mencionada. Aquí, por el contexto, el “temor de Yavé” también significa “conocer a Yavé, especialmente su realidad salvadora, y comportarse consecuentemente con este conocimiento”. De tal manera que este “temor de Yavé” libera de los otros temores / miedos (v. 4b), y de todas las angustias (v. 6b).
La alusión al “mensajero (ángel) de Yavé que acampa alrededor de los que le temen, y los libra” (v. 6), evoca antiguas tradiciones veterotestamentarias, donde el mensajero del cielo representa la presencia divina que “rodea” (acompaña, protege y ayuda) a quien recibe su salvación de Yavé (ver Gn 32:1-2 Ex 14:19 Sal 91:11).

Bibliografía

Hans-Joachim Kraus, Los Salmos, Salamanca, Ed. Sígueme, 1995.

Fuente: ISEDET - Depto. de Biblia

 

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